Prólogo

Tomé el libro con sumo cuidado y lo hojeé...

Leí la sinopsis con suma atención sentada en un rincón de aquella librería lóbrega y misteriosa. Trataba de la vida y muerte de una mujer. Los sentimientos más extremos surgidos de sus tormentosas y dulces vivencias. Amores y desamores. Los engaños, intrigas, persecuciones y acosos, junto a las decepciones, se combinaban de forma especial con el deseo, la pasión, la lujuria, la entrega, el amor y el placer.

No sabía por qué pero necesitaba leer hasta el punto y final de aquella historia. Me levanté dirigiéndome al librero, un hombre no menos misterioso. Pagué y salí de aquel lugar como alma que lleva el diablo.

Cuando llegué a casa dejé el libro sobre la mesilla de noche. Era tarde. Me duché. No tenía mucho apetito pero cené alguna cosilla, poca cosa. Encendí un cigarrillo mientras el argumento del libro se repetía una y otra vez en mi cabeza. Lo apagué antes de fumármelo. Estaba deseando leer aquella apasionante historia. Me acomodé en la cama y cogí el libro con sumo cuidado como si se fuera a romper. Lo acaricié sintiendo su fragilidad.

Milo Manara

No sé el tiempo que pasé mirando la portada antes de abrirlo, supongo que poco. El caso es que me costó un logro llegar a su primera página. Era como si el propio libro me negara su apertura. Por fin lo abrí, pero algo surrealista me hizo botar en la cama creyendo que el corazón se me iba a escapar del pecho.

Nada. Absolutamente nada. Ni enunciado, ni comas, ni puntos. Ninguna palabra... tan sólo páginas y páginas en blanco...

Rosaida