25 de mayo de 2014

Juego limpio


 
Quizá sea por lo que representa fuera del juego, pero me gusta más Neptuno que La Cibeles. También puede que influya mi falta de afición a los giros de un balón sobre un campo de césped cultivado. Prefiero, sin duda alguna, los giros veloces de un par de ruedas que rugen sobre el asfalto de un circuito. Pero ambos casos comparten líneas comunes. La más obvia y parece casi ridículo mencionar, es que unos ganan y otros pierden. Siempre se ha dicho que “hay que saber perder”, pero después de ver algún que otro detalle, puedo decir que aún es más importante “saber ganar”. No es de recibo hacer leña del árbol caído y más si se trata de un ejemplar digno de imitar por aquellos que, a falta de muchos valores, forman parte del poder y la fama a veces injustificada. Los principios, el coraje, la superación, la humildad, sinceridad y sencillez junto a la elegancia y un noble corazón, son ingredientes que hacen grande a un digno vencedor, aunque éste haya perdido la batalla en el campo o en la vida.



No deseo finalizar sin dejar constancia de la extrapolación de mis palabras que van más allá del acontecimiento deportivo. Nunca me ha gustado juzgar un hecho siendo profana en la materia, sencillamente opino sobre un pensamiento generalizado.

 

 

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