21 de septiembre de 2013

Trazos de una espalda al desnudo

Dicen que la piel que me cubre es como un lienzo de seda, blanco como las nubes que no esconden rayos ni truenos borrascosos.


Casi todos prefieren utilizar los dedos a cualquier otro instrumento cuando el deseo les impulsa a plasmar sus fantasías anheladas o a constatar algunas vivencias consumadas, ya sean buenas o malas. Hasta el momento siempre me he prestado a sus deseos. Es más, lo hago encantada. Me gusta dejarme llevar por la magia de unas manos virtuosas. Me arrebatan y colman de placeres asombrosos. Siento como los trazos que forman sus caricias se arremolinan en cada palmo de mi piel, formando figuras arabescas o paisajes de ensueño donde los amantes arden bajo la aurora boreal.


Cuando el artista concluye su obra, entonces y sólo entonces, la hace mía. Una vez mía, inicio el baile ondulante de mi piel. Una, dos, tres… voy formando dunas que levantan suavemente a la luna, dibujada por encima de los montes plateados. El placer que siento me anima a subir el ritmo danzante de los pliegues en la noche. En apenas un segundo descubro al río, precipitándose valle abajo con las aguas agitadas a la luz de la luna. Quizá sea un espejismo provocado por mi mente, pero juraría que mi piel está empapada. Antes de llegar a su destino el caudal de plata calma su furia para fundirse dulcemente con el lago, enclavado en la cima de mis nalgas. Sigo en mi caminar sinuoso para saludar al árbol del amor, testigo y refugio del calor de los amantes que, ante mi llegada esperada, sellan su idilio con los besos de la pasión.


Pero tristemente, no sólo llegan los artistas a retratarme con la piel desnuda, posando a contraluz. O a denunciar las injusticias de aquellos que cargan contra mí. Tampoco vienen solas las manos que me liberan del sufrimiento que dejan las cargas ingratas. También se acercan los virtuosos en las artes maliciosas. Traidores, egoístas o envidiosos. Milicianos y mercenarios. Ególatras, cínicos o tramposos. Y, aunque a cada uno de ellos les mueva una meta distinta, a todos les une la capacidad para conseguir, sin ser vistos, sus oscuras intenciones.


Buenas palabras me dice, y a la espalda me maldice.
Me llamo espalda, dorso, reverso. La que aguanta sin quejarse las cargas más pesadas y las traiciones más injustas. Inocente, confiada, así es mi naturaleza ajena a las manipulaciones. Sé que muchos me usaran para crear falsas realidades que avalen sus mentiras y otros tantos dispararan sus dardos desde la maleza para no ser vistos. Pero quiero que sepan todos ellos que por más que se empeñen, nunca podrán doblegar la nobleza de mi porte, ni la generosidad de mi esencia.




Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda.

4 comentarios:

  1. El mundo es una enorme farándula, tierra corrompida y alimañas, ojos que acechan, dedos que juzgan y acusan, baile de máscaras, rebaños de manipulación, mentira, codicia y envidia...es lo que es, y en nuestra esencia está mantenernos en pie y con nuestros valores intactos por encima de todo y todos.
    Ardua faena, sin duda, pero altamente satisfactoria.

    Maravilloso post amiga, sencillamente me quito el sombrero. Uno deja de sentirse sólo en esta lucha encarnizada, cuando lee letras como las tuyas...

    Bsazoo!! ;-)

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    1. Lo has expresado perfectamente, resumiendo la esencia del post, Ginebra. Mantener nuestros principios intactos de cara a los demás, gusten o no gusten, sin traiciones o ataques por la espalda donde las mentiras adquieren el mismo valor que las verdades, es sin duda altamente satisfactorio. Un alimento que mantiene la espalda erguida y orgullosa de su porte.

      Un besazo.

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  2. Hoy descubro tu nuevo blog y me quedo con tus palabras de esta entrada, es cierto que el ser humano es la criatura más bastante traicionero y ruin cuando quiere, a veces buscando ese punto más debil ataca por la espalda porque desea sorprender y hacer daño, pero como bien dice esa frase que nos dejas: si nos mantenemos erguidos,nadie podra montarse encima de nosotros, a veces me gusta comenzar por mi y por lograr no herir a nadie,ser fiel a lo que vivo y procurar no salir herida, no siempre lo consigo pero toca seguir, te dejo besitos hermosa Rosaida.

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    1. A lo largo de la vida todos, en mayor o menor cuantía, hemos herido y nos han herido. Pero es muy distinto exponer nuestros cambios en gustos o sentimientos o en lo que sea que afecte a una o varias personas a la cara, con respeto y sinceridad, que por la espalda, sin avisar, traicionando la confianza depositada y valiéndose de las mentiras para juzgar y hacer prosperar aquello que nos interesa. No cabe duda que en el primer caso es lícita la actitud, ya que todos tenemos derecho a cambiar cueste lo que cueste, pero no en el segundo caso en que la actitud es falsa y traicionera, por lo tanto injusta y egoísta.

      Bienvenida, alexia, a este pequeño espacio de mi Jardín. Es un placer tenerte por aquí, amiga mía.

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