3 de agosto de 2013

Seda


Desde mi admiración por esta intérprete, os traigo esta película que para mí es fantástica. Opino que la actriz Keira Knightley cobra más relevancia interpretativa cuando se especializa en guiones del llamado cine de autor y, además, de época. 


Director: François Girard. Año: 2007. País: Canadá 

El pícaro comerciante francés Baldabiou (Molina) sostiene entre sus dedos un velo tejido con hilo de seda japonés. Es como sostener... la nada. Huevos de gusano de seda. Cuando la epidemia de la enfermedad de Pébrine, la enfermedad del gusano de seda que atacó a los huevos en los criaderos europeos a mediados de 1860, se extendió a ultramar, incluso los huevos de países tan lejanos como África y la India se vieron infectadas y todo el comercio europeo de seda parecía condenado a desaparecer. Para continuar con su lucrativo comercio, Baldabiou decide enviar al joven oficial militar Herve Joncour (Pitt) a una peligrosa misión en Japón, separándolo durante meses de Helene (Knightley), su encantadora y devota esposa, maestra de escuela. La isla que producía la más fina seda del mundo miles de años antes de la apertura del canal de Suez, Japón, prohíbe el acceso a los extranjeros. Para alcanzar esa tierra misteriosa, Herve viajará a través de Europa, primero en tren desde Viena, a través de Moravia, hasta Kiev. Allí contratará una caravana para cruzar las estepas rusas: 3.000 millas de hielo y de tormentas, para luego surcar el mar en el barco de un contrabandista. Será llevado secretamente desde un puerto de Yamagata al interior de la isla y conducido, con los ojos vendados, hasta una aldea cubierta de nieve llena de bosques y de bambú, anclada en las nevadas montañas Fukushima. Es allí donde Herve encuentra al poderoso y temido barón local, Hara Jubei (Yakusho), con quien negociará para obtener los preciados huevos del gusano de seda. Y es allí, en un mundo distinto a cualquier otro que Herve haya experimentado antes, donde él se ve cautivado por la concubina del barón, una chica profundamente misteriosa de una belleza intoxicante. 

“Mi querido amo, no sientas temor, no te muevas y no hables, nadie podrá vernos, quédate quieto sólo quiero mirarte, tenemos toda la noche y ahora quiero mirarte, tu cuerpo para mí, tu piel, tus labios, cierra los ojos, nadie podrá vernos, estoy aquí justo a tu lado ¿no me sientes? Al tocarte por primera vez, te tocaré sólo con mis labios, tú sentirás el calor pero aún no sabrás donde, tal vez sea sobre tus ojos, yo presionaré mis labios sobre tus ojos y tú sentirás su calor, abre los ojos ahora amado mío, mírame...tus ojos fijos en mis pechos, tus brazos elevándome, deslizándome sobre ti, mi débil quejido, tu cuerpo temblando, esto no tiene final ¿no lo sientes? Estarás siempre volviendo atrás la cabeza y yo para siempre me limpiaré las lágrimas, este momento debía pasar, el momento existe y este momento continuará desde ahora y para siempre. No volveremos a vernos jamás, lo que habíamos de hacer lo hemos hecho, créeme amor mío, lo hemos hecho para siempre, guarda tu vida lejos de mí y si eso te hace más feliz no dudes ni por un momento en olvidar a esa mujer que te dice sin rastro de arrepentimiento: Adiós...” 

Opino que...

Esta carta dirigida al protagonista, se muestra al final de la película, desvelando sorprendentemente al autor de la misma. No sé vosotros, pero yo comprendí el porqué y también entendí la impotencia que sintió el destinatario de la carta cuando escuchó su contenido.


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